Osas meterme
en tu vida, me adentras en tu mundo agobiante
Tiras suavemente de mi mano, haciendo que ingrese por
esta cueva oscura, no diviso el camino más sin embargo el calor de tu
palma sobre la mía me hace continuar adelante.
Como errante por el camino me considero al saberme
sin ti por unas decimas de segundo, en que ya no sujetas mi mano, y la
sensación de perderte estruja sin consideración mi corazón, las decimas ahora
son minutos, camino lento hacia adelante esperando no delatar mi temor, no demostrar
lo frágil que me siento sin ti.
Es electrizante el sonido de tu vos, llamas mi nombre
desesperada al no encontrarme en el lugar que me dejaste, continuas llamando
haciendo que el tono bajo de tu voz
erice cada vello de mi cuerpo, me hechizas. Con el peso de tu cuerpo recargado
en el mío mientras sujetas mi cintura y dices a mi oído entre lagrimas “no vuelvas a alejarte de mí”
Me agobia tu mundo, me incomodan las personas
pertenecientes a él
Aún así, con
solo una frase tuya, con un movimiento suave de tus dedos sobre mi piel, causas
que no logre pensar coherentemente y me adentro en él por voluntad propia, para
estar a tu lado, en este mundo colosal a
mi parecer, que se hace maravilloso y accesible al sentir tu aroma y tu cabello
rizado en mi rostro al sujetarme de ti al llevarme a beber un té, al ver tus
gestos al preparar para mí un café, al
llamarme a media noche fingiendo que no sabes la hora, porque aunque no lo
admitas sé que me extrañas.
Osas manejar mi voluntad a tu antojo, me confundes con
tu actitud ruda para luego sorprenderme con gestos que sé son solo para mí.
A veces quisiera saber: si esto es un juego ¿Por qué
no jugamos juntas? ¿Por qué no me das una oportunidad de intentar ganar?
Aun no has dicho que me quieres, tal vez nunca lo hagas,
solo dices que hay miles de maneras para
expresarse. Lo que me hace preguntarme: llevarme de tu mano suavemente, por tu
mundo de rostros superficiales, en el cual estoy por fuera de los estándares,
de “tus” estándares ¿es tu manera de amarme?
Si es así, desearía escucharlo de tus labios, con tu
voz ronca alguna vez.